Acoso callejero: una realidad latente

Por Oscar Josué Gutiérrez AraicaJuan José López

En Nicaragua hablar de acoso callejero resulta tocar el trasfondo de una problemática que es notable cada día en las calles de sus ciudades.  A diario los comentarios obscenos son la principal arma de los transgresores que se valen de un comportamiento y una cultura colectiva que pretende demostrar la hombría de uno ante los demás.

Según el Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC – Chile), define al mismo como prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos como la calle, el transporte o espacios semi públicos (mall, universidad, plazas, etc.); que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida.

Según un artículo en la página web de la Universidad Centroamericana (UCA), a nivel de Latinoamérica, Perú es uno de los países que más iniciativas ha promovido para erradicar el acoso sexual callejero, a tal punto que ha desarrollado el “Proyecto de Ley de Prevención, Atención y Sanción del Acoso Sexual en los Espacios Públicos y de Reforma al Código Penal”, que contempla ejercer medidas preventivas y sancionadoras con quienes incidan en el acoso sexual callejero.

Plano Nacional

 En 2015 El Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC – Nicaragua) presentó un informe en el cual se investigaron las frecuencias de las diversas manifestaciones de acoso callejero, los lugares públicos en que normalmente las mujeres viven acoso, las reacciones por parte de las acosadas y acosadores, y la descripción de experiencias fuertes que han marcado negativamente la vida de las mujeres. Mediante el estudio realizado a 910 mujeres entre 14 a 55 años en el área urbana de Managua, se comprobó que 9 de cada 10 han vivido al menos una manifestación de acoso callejero.

De la misma manera, se detectó los espacios en que las mujeres son mayormente acosadas: espacios públicos como calles y avenidas y general (96,6%), mercados (91,5%), Estaciones de buses (89%) y Transporte público (88%).

Por otro lado, se obtuvo datos de las reacciones de las víctimas al momento de sufrir acoso callejero, que frecuente lo hacen de manera pasiva: Ignora (81%), Expresión de desagrado (80%). A su vez, se evidenció que los acosadores también demuestran algún tipo de respuesta cuando una mujer decide enfrentarlos: quedarse en silencio (31,8%), huir (25.2%).

javireJavier Rodríguez Corea, docente de la carrera de Antropología de la UNAN – Managua, lo define desde dicho campo como “aquella persecución hacia las mujeres en términos físicos, pero también emocionales, la búsqueda de generar una situación incómoda hacia las personas, en este caso hacia las mujeres, por su forma de vestir o simplemente por el hecho de ser mujer”.

Esta definición implica una gama de factores culturales que se resumen como un patrón que en la mayoría de los casos es practicado por los varones, ya sea a causa de factores de crianza, influencia de los grupos sociales, o un sentido sesgado de lo que resulta atractivo para una mujer.

¿Piropo o acoso callejero?

 El antropólogo dedujo que el piropo es verbal mientras que el acoso no solamente tiene que ver con el habla, puede darse con la actitud, la proximidad hacia la persona, incluso, con un gesto o una seña. Es decir, no hace falta decir nada o argumentar una idea como con el piropo, sino simplemente una actitud de persecución, cercanía o proximidad física.

¿Es un problema social?

 Es un problema subterráneo. Probablemente la mayoría de las personas no lo ven como un problema, independientemente que esté penado por la ley, hace falta que la población tome mayor conciencia. Seguramente si una mujer llega a una comisaría a denunciar un acto de acoso callejero, se burlen, más aún, si es hombre es peor todavía porque es ilógico que se queje de que una mujer lo enamoró en la calle, aunque legalmente es un delito, socialmente no incurre en ello.

Hablando un poco de roles de género, ¿quién practica más el acoso? ¿Varones o mujeres?

 Por supuesto los hombres a causa de un aprendizaje social, cultural. Puede que las mujeres lo practiquen, pero es más irregular, más escaso. Principalmente los hombres jóvenes y adultos son los que caen en esto, por la idea de pertenecer a un grupo y ser aceptado por dichos comportamientos.

En su manifestación, el acoso callejero acapara muchos factores que determinan el comportamiento y actitudes del individuo, debido a que existe de por medio las experiencias familiares, imaginario colectivo y posturas de normalidad ante problemas que aparentemente tienen un grado de atención mínima, por lo cual se genera un ambiente que puede colapsar en un momento determinado.

 Patrones de un acosador

El entrevistado asegura que el acosador siempre requerirá un grupo, puesto que tiene como objetivo no solamente intimidar o dar un mensaje, sino reafirmar la hombría. En realidad los que van a piropear no buscan llamar la atención de la mujer, sin embargo, sí la de los otros hombres de su grupo social, de una u otra manera. Es poco probable conseguir una relación mediante un piropo, el objetivo es la reafirmación de su hombría, su fama de conquistador y de galán frente a sus semejantes.

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Álvaro Antonio Muñoz González
, Psicólogo y docente del decanato de la Facultad de Humanidades y Ciencias Jurídicas de la UNAN – Managua define al acoso callejero desde la perspectiva psicológica toda aquella conducta invasiva que se da en espacios públicos por parte de un sujeto con fines de enamoramiento o llamado de atención a otra persona. Implica invasión de la privacidad de otro individuo.

Es un problema que está ligado a un asunto meramente social, porque  siendo los hombres los que en mayor medida lo practican desde muy pequeños se les invita a conquistar y por otro lado a las mujeres se les invita a ser conquistadas, al hombre se le invita a buscar muchas parejas y a las mujeres todo lo contrario.

Todos los grupos, independientemente de su orientación sexual, son objeto de burla por parte de un sujeto acosador. Si se pudiesen clasificar los tipos de acoso, la mayoría se definiría en dos: verbal y físico.

El acoso verbal se da cuando generalmente una muchacha transita en sitios abiertos o públicos, tomando en cuenta el lenguaje analógico y digital del acosador. Sin duda hay piropos que resultan agradables, esto está en dependencia del tono y la velocidad con la que se dice, por ejemplo: no es lo mismo decir “Mamita” con un tono morboso a decirlo de forma normal. A veces una palabra dicha en un tono morboso y enfermo puede resultar en acoso.

… ¿existen consecuencias a futuro?

  Sin duda alguna hay una cosa que el acosador no conoce o no le fue inculcada, es la palabra “LÍMITES”, ningún acosador sabe lo que es tener límites, independientemente de que estos sean verbales o físicos.

Por lo general, cuando un individuo no conoce este tipo de límites sus actos van de menor a mayor, o sea, no es de sorprenderse que una persona a sus 15 años que es extremadamente  invasiva con otras a sus 20 tenga conductas muchísimas más elaboradas en términos patológicos y enfermizos. Entonces, la tendencia de este tipo de conducta es a acrecentarse, muy difícilmente decae.

Una de las principales consecuencias que podemos tener es que una de estas personas pueda desarrollar una conducta antisocial, pasar del acoso, propiamente dicho, hacia conductas más patológicas y antisociales. Se dice que por no conocer límites, tomar o raptar a una persona está socialmente aceptado y éste es un rasgo común en algunos transgresores sexuales. Al final, por no tener conocimiento de los mismos límites se encierran en una esfera mítica de que en realidad la víctima fue la que propició las condiciones. Es visible en algunos discursos de acosadores que la víctima es revictimizada y que se dice “¿Qué andaba haciendo ella allí a las 10 de la noche con un short chingo enseñando prácticamente las nalgas?” En el discurso de las personas se pueden identificar algunas cosas, por ejemplo: el hombre no conoce de límites. No necesita permiso para poseer a una mujer sexualmente. Asimismo, menciona que nunca le han enseñado a respetar esos límites, que la fémina es una posesión, una cosa la cual él puede poseer. Esto es notable al momento de analizar el discurso de una persona que ha trascendido hacia lo socialmente inestable y ha caído en el delito, uno se da cuenta de que ellos mismos comenzaron con cosas pequeñas y que fueron escalando hasta llegar a un punto máximo.

Existe una cima donde las personas que mienten y que se engañan a sí mismas consideran que lo que están haciendo es verdad y que es bueno porque si es bueno para ellas, debería serlo igualmente para las demás y lo refuerzan con un discurso y lo defienden con el mismo discurso.

Víctimas…

 Fernanda Martínez, una joven de 19 años afirma con su testimonio que en reiteradas ocasiones ha sido víctima de acosadores de menor grado y en lugares bastantes transitados. Sostiene que es comúnmente la población juvenil la que se pronuncia con palabras inadecuadas y hasta cierto punto, incómodas para ella.

Estela González, pobladora del distrito V contó que en dos o tres ocasiones, durante sus viajes en las rutas capitalinas, fue acosada verbal y físicamente por pasajeros que abordaban la ruta.

Silvia Ulloa, madre de tres hijas, comenta que es complicado ser mujer en una sociedad donde señalan a la figura femenina desde cómo se viste hasta por el simple hecho de ser mujer.

Finalmente…

 El acoso callejero, viéndolo como un inconveniente público, resulta ser un problema maldito en una sociedad que ha sido moldeada bajo contextos socioculturales que instan al irrespeto y a la violencia en todas sus formas y que, principalmente, están dirigidas hacia las mujeres.

Las familias son el eje fundamental de educación en edades tempranas y, por ende, es importante que la transmisión de valores y principios morales sean incluidos, inculcados y practicados desde la niñez. Si bien es cierto que estamos regidos por un sistema patriarcal y que vivimos una sociedad disfuncional, el cambio nace desde la educación principalmente en la familia y en la escuela.

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