El femicidio en Nicaragua: Una película de terror

Por Kevin Roldan Flores y Cristhell Menjivar García

Nicaragua no es un país pionero en la producción cinematográfica, sin embargo, es una nación que presenta altos índices de mujeres asesinadas, estas últimas  protagonistas de sus propias películas reales con desenlaces catastróficos como si fuesen parte de un libreto preparado y ensayado, con personajes y escenarios reales.

Durante siglos la forma más extrema de violencia del hombre hacia la mujer no tuvo un nombre. El término femicidio ha surgido para visibilizar un horrible problema de nuestras sociedades, el hecho de asesinar a una mujer por ser mujer. 6,000 mujeres son asesinadas cada año en el mundo, diariamente 180 mujeres y niñas son privadas del derecho a la vida, principalmente por armas de fuego.

Nicaragua presenta una preocupante cifra anual de 70 a 80 mujeres por año entre 2004 y 2013, equivalente a una cada cinco días con una leve disminución del diez por ciento, al año siguiente de la promulgación de la Ley 779.

El femicidio en Nicaragua ha tenido altos índices de ocurrencia en los últimos años. Se registran 35 femicidios perpetrados de enero a junio del 2015, en relación al 2014 y durante el mismo período se evidenciaron 47 muertes de mujeres por parte de sus parejas o cónyuges; se aprecia que en este semestre hubo un descenso de 12 femicidios, según informó el Observatorio Nacional de la Red de Mujeres contra la violencia.

¿Qué opinan los expertos?

La raíz principal del femicidio deriva de una pandemia de relaciones afectivas tóxicas dominadas por el machismo, los celos, la inseguridad, la falta de cultura de diálogo y el irrespeto al prójimo sintetizado en el hombre misógino.

Walter Riso, el más reconocido psicólogo latinoamericano a nivel mundial (colombiano nacido en Nápoles, Italia) en su más reciente entrevista para un diario internacional afirma en esencia que el problema de la violencia entre parejas radica en el afán de posesión y control de la mujer-objeto por el hombre-sujeto.

El presbítero Ángel Espinoza de los Monteros, en su prédica “El anillo es para siempre” afirma: “Vivimos una subcultura permisiva que justifica el divorcio y la infidelidad, por lo que la violencia doméstica es ignorada”. Yo agregaría que una educación de género desde la infancia y la adolescencia basada en el principio cristiano de “amar al otro como a ti mismo”, “no hagas al otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, sería la piedra fundamental para recomponer una sociedad disfuncional como la actual.

Una especialista que tiene experiencia en atender casos de violencia machista en el hogar en el departamento de Managua es la psicóloga Elena Morán, “en el caso de mujeres podemos hablar que aquí en el país la incidencia de violencia es muy alta porque las principales causas que son atendidas por un psicólogo son los traumas productos de la agresión verbal y física. Lastimosamente el miedo y la conceptualización socioeconómica, la cultura, la idiosincrasia ha limitado que la mujer denuncie estos casos de machismo y esto hace que se vuelva una cadena repetitiva y que estos hechos se sigan dando. Yo creo que la violencia debe tener un límite”, añadió.

Nicas acribilladas en el exterior.

Algunos femicidios ocurren fuera del país, sí, mujeres nicaragüenses que tienen residencia en el extranjero son acribilladas por sus parejas, ejemplo de ello tenemos el femicidio de la joven asesinada por parte de su esposo en el vecino país de Costa Rica, apenas tenía 15 días de pisar tierras ticas y fue asesinada de forma salvaje. Otro caso es el de la joven asesinada en los Estados Unidos para quien su desenlace también  fue brutal.

Pero la pregunta en cuestión es: ¿Cuál es la causa de estas muertes? ¿Será la justicia y su ineficacia? ¿Habrá falta de medidas de protección en el país?; Son tantas las interrogantes que nos hacemos. Pero la víctima, ¿Qué incidencia tendrá?, ¿Será que ella preparó el libreto de su propia muerte?, O ¿los protagonistas de la película tomaron un giro de 360 grados y quisieron adaptarla a su manera?; pero ninguna persona querrá tener un triste desenlace y menos una mujer joven con muchos deseos de superación. Sin embargo, algunas personas cercanas a las víctimas y sus villanos alegan que la mujer en parte tiene culpa, ellos dicen que son sumisas de sus esposos y no denuncian la violencia a la que son sometidas.

Imágenes reales donde la sangre y la muerte cobran protagonismo.muerte

Ley 779

En nuestro país existe una ley que vela por el bienestar, seguridad y protección de las mujeres, nos referimos a la Ley 779 cuyo objetivo es garantizar el fortalecimiento de las familias nicaragüenses mediante acciones de prevención que promuevan el derecho a la vida, dignidad, igualdad y no discriminación en las relaciones entre mujeres y hombres, en la familia y la sociedad a fin de fortalecer una cultura de convivencia familiar en respeto y equidad, erradicando la violencia hacia las mujeres, niñas, niños y adolescentes en todas sus manifestaciones.

No obstante, esta normativa ha sido pisada por muchos atacantes y asesinos; pues aun conociendo las exigencias de esta normativa siguen violando los derechos de las féminas sin medir las consecuencias de sus actos.

Sobrevivientes

Por lo general, el tiempo que dura una película oscila entre 2 a tres horas aproximadamente. Sin embargo, la película real “Femicidio en Nicaragua”, perdura por largas décadas.

Solo nos imaginamos ¿cuántas mujeres han perdido la vida en el país en los últimos años?, a su vez, hay protagonistas que no terminaron la filmación porque decidieron abandonar el rodaje antes de colapsar sus vidas. Es algo metafórico hablar así, más no es sinónimo de burla, es un contraste que encaja perfecto en la relación: película-feminismo-terror.

María Elena Rojas, quien antes nos concedió la entrevista sobre su historia de lucha, fue protagonista de ese filme terrorífico del que muchas han sido partícipes. “Durante los primeros seis meses todo fue color de rosa. Hasta me compraba blusas y zapatos. Luego de ese tiempo, volvió el maldito machismo a su vida. Recuerdo que una vez llegaron a buscarme para trabajar en una tienda y él se negó rotundamente a que yo trabajase. Mi niño ya tenía dos años y yo quería trabajar porque con lo que Oscar me daba no ajustaba para costear los gastos. Allí iniciaron otra vez los insultos y los gritos”, manifestó Rojas.

María Elena Rojas, vivió por casi tres años la cruda realidad que enfrentan muchas mujeres nicaragüenses. Bajo el temor de su cónyuge ella decide separarse de él y denunciar los abusos y maltratos a los que era sometida. Sin embargo, el ciclo de violencia volvía a su origen, pues según María Elena luego de ocho meses regresó a su vida de antes, con el patán que la convenció de su “arrepentimiento”.

“Me fui de casa con mis dos niños, tomé un taxi y me refugié en casa de una tía. Ese momento marcó mi vida hasta ahora. Yo jamás volví a esa casa. El hecho de que estuvo a punto de violarme y una vez de matarme marcó mi vida. Tomé una decisión, irme lejos. Pero primero divorciarme ante las leyes, esa iba a ser una difícil decisión pero lo hice por mí. Ya no podía dejar que me matara mis niños merecían un hogar calmo, ellos no podían crecer en ese círculo de violencia machista.” Así fue como María Elena llegó a la capital, su divorcio se efectuó con orden de manutención para sus hijos.

“Mi libertad. Significó salvar mi vida de esa horrible bestia que me quería matar. Significó salir de ese infierno en el que vivía. Me costó adaptarme a la capital. Al principio le ayudaba a mi tía con sus labores, luego ella misma me consiguió un puesto de trabajo como comerciante en el mercado oriental, donde trabajo hasta el día de hoy”, agregaba María Elena.

María Elena Rojas, sobreviviente de violencia machista.elena.jpg

Última protagonista

Ángela Verónica Crespo de 22 años fue brutalmente acribillada por Silvio Mayorga de 37 años el pasado domingo 9 de octubre. Según el informe más reciente que brindó el comisionado general de la Policía Nacional, Francisco Díaz, la víctima y el victimario estuvieron ingiriendo licor en un bar ubicado en un barrio del Distrito II de la Capital y luego, a las 9 pm del domingo, se trasladaron a la casa que alquilaba Mayorga  en el barrio San Judas.

Iniciaron una discusión porque la ahora fallecida se opuso a tener relaciones sexuales con el hombre y este reaccionó agrediéndola con un ladrillo en la cabeza, lo cual le causó la muerte por una hemorragia interna. Luego, a las 2 de la mañana del lunes, Mayorga llevó el cadáver de Ángela hasta un cauce del barrio San Judas donde lo tiró envuelto en plástico negro y tiras de tela. El comisionado general, afirmó que el móvil del crimen fue la agresión sexual.

Ángela Verónica fue la última protagonista de una película de terror real, aquí no hay efectos especiales ni actores de doblaje. Ella perdió su vida tal cual como lo hubiesen escrito en un filme en Hollywood.

A su vez, la que cambió el libreto de la película, María Elena Rojas, es ahora un heraldo que busca la justicia y que apoya esa lucha por la igualdad que aún nos hace falta conquistar.

“Las decisiones que tomen construirán su futuro. No son objetos de ningún hombre. Que hablen, que se expresen, que luchen por sus derechos. Solo ellas son dueñas de su cuerpo y que nadie más que ellas manda en él. Busquen ayuda de profesionales. No estamos solas. Y que aunque empeore la situación podemos ser libres.”

Yo quiero que las mujeres tomen mi ejemplo, que se emancipen, que extiendan sus alas y que vuelen libres, que vuelen alto. Que pueden solas sin ningún hombre al lado. Y que no esperen la muerte porque muertas no hacen nada, las queremos vivas para defender nuestros derechos. Porque lo que yo viví “en carne viva” no se lo deseo a nadie.

Rojas, está contenta porque muchas mujeres acuden a ella gracias a su ejemplo de lucha. No pertenece a ningún movimiento feminista, pero le gustaría apoyar uno. María quiere estudiar el próximo año, alega que está joven y llena de vida. Quiere demostrarle al mundo que su historia es ejemplo a seguir y que si se puede soñar.

En los filmes cinematográficos extranjeros, los personajes principales obtienen grandes ganancias, fama, dinero y posición; esto depende de la participación, el libreto, la escenografía y los efectos especiales que se emplean en la producción. Pero en nuestro país, el femicidio se lleva todos los ratings y sin contar con grandes escenarios y efectos especiales, solo cuenta con protagonistas que hacen un papel muy realista. Qué triste es saber que el femicidio en Nicaragua sumerge cada vez más en dolor, tristeza, luto y profunda decepción a las familias de las víctimas.

Cuando una película termina el telón se baja y cuando una mujer es asesinada una luz se apaga.

Ángela Verónica Crespo, última fémina asesinada en Nicaragua.ultima.jpg

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